si me preguntaran ahora quién soy, la única respuesta que podría ofrecer con alguna certeza sería mi nombre, por lo demás, mis amores, mis odios, incluso mis más profundos deseos, no estoy seguro de si esas emociones me pertenecen, o si se las robe a aquellos en los que en otro tiempo tanto desee ser. Pensandolo bien, una emoción si es claramente mía, única entre las prestadas y las heredadas, tan nítida como la fé de la que sigo rehuyendo, la culpa.

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